Ahora sí; haz decidido comenzar tu dieta con todas las de la
ley. Te has mentalizado para cambiar tus costumbres alimenticias y no ceder a
mitad del proceso. Es interesante que quieras darle un vuelco a tus hábitos
comestibles, sin embargo existen algunas cuantas consideraciones que deberías
tener presentes antes de optar por algún régimen en particular. La siguiente
información te dará las bases para que tu próxima dieta sea un éxito completo.
Importantísimo; fíjate metas realistas y sé concreta acerca
de qué es lo que quieres obtener. ¿Cuánto peso deseas perder? ¿Para cuándo
esperas haber eliminado esos kilos de más que te habías propuesto perder? Otra
cosa que te va a ayudar es tener presentes los motivos por los que quieres
perder ese peso: quizás tu familia tiene un historial de enfermedades cardiacas
y quieres cortar con esa tendencia; quizás quieres asistir a algún
acontecimiento importante y necesitas “caber” en ese vestido que no te pones
hace años. Sea cual sea tu motivación, recuerda que lo primordial al momento de
reducir medidas es el buen estado de tu salud, por lo tanto tus metas deberían
estar trazadas a mediano- largo plazo, para evitar caer en la trampa de las mal
llamadas “dietas milagro”, que de milagro no tienen nada. Image by ruurmo
Consulta con tu médico para que él evalúe tu peso, tu
estatura y algunos factores de riesgo relacionados con el peso. Agenda una cita
de seguimiento para monitorear los cambios en tu peso o situaciones
relacionadas con tu salud.
Crea un plan de dieta para saber qué vas a comer y cuándo;
trata de incluir en tu cronograma espacio para la actividad física. En este
punto es importante que mantengas un "diario de alimentos" para que
anotes todo lo que comes. Puede ser una agenda o un cuaderno, lo importante es
que tus anotaciones te ayuden a estar más consciente de lo que comes y de cuándo
lo comes. Deberás anotar las propiedades nutricionales de cada cosa que comes;
puede resultar tedioso, pero de lo que precisamente se trata es de saber qué es
lo que estás comiendo realmente, si fuera de otro modo, ¿cómo sabrías qué es lo
que tienes que reducir y que aumentar en tu menú regular?
Aprende a medir tus porciones. Antiguamente se decía que
entre más, mejor, y aún hoy eso aplica todavía para muchas familias que no
saben medir las porciones que sirven en cada plato. Los nutricionistas, de
hecho, aconsejan dejar atrás las tres típicas comidas en el día en las que se
servía gran cantidad de alimentos, y reemplazarlas por porciones pequeñas,
cinco porciones de alimentos saludables con intervalos de tiempo de tres o
cuatro horas.
Identifica tus malos hábitos y elimínalos. Con la mano en el
corazón, si sabes que en el día consumes muchos dulces, grasa o carbohidratos,
es momento de bajar la cantidad que te comes en el día, o de plano,
reemplazarlos por otros alimentos mucho más saludables. ¿Qué tal una barra de
cereal o un vaso de yogurt griego en la tarde? Al desayuno puedes comer pan
integral en lugar del típico pan blanco.
Incluye ejercicio. No tienes que convertirte en un
deportista extremo, pero si dejas que el sedentarismo ocupe lugar en tu vida es
muy poco lo que obtendrás con tu dieta. Sal a caminar en las mañanas todos los
días, media hora de caminata diaria, a pazo largo y firme. Si prefieres montar
en bicicleta o ir al gimnasio para seguir una rutina específica ¡bienvenido
sea!
Seguir una dieta no es un proceso fácil, además, más que
dieta deberíamos hablar de hábitos alimenticios saludables ya que la sola
palabra dieta hace pensar en prohibición y hambre. No se trata de que aguantes
hambre, es de que incluyas en tus platos alimentos más saludables y vayas
dejando de lado aquellos que no te suministran suficientes beneficios.

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